jueves, 26 de abril de 2012

COLUMNA SINRODEOS PRIMERA DE ABRIL DE 2012


                         MÉXICO NO OFRECE NADA A LOS JOVENES.
  Pese a que contra la pobreza y la corrupción que genera, la solución es la educación, para el Índice Internacional de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional,  Dinamarca, Suecia y Nueva Zelandia son percibidas como los países con menor corrupción en el mundo, con una calificación de 9.3, mientras que México, se mantiene en un patético 3.6 en el lejano puesto setenta y dos de las ciento ochenta naciones encuestadas. ¿Deberíamos asombrarnos de esa situación cuándo todas las encuestas demuestran un crecimiento muy significativo de la corrupción en el Distrito Federal y tampoco pasa nada?, ¿cuándo algunos ven con naturalidad e incluso como un derecho adquirido que se puedan “heredar” plazas laborales, que se pagan de nuestros impuestos, para venderlas o negociar con ellas como si fueran un patrimonio personal?, ¿cuándo existen estados, municipios, sindicatos, sectores descentralizados que no terminan de rendir cuentas?
No, el caso es que el salario promedio entre la población económicamente activa del país, entre los que están en la economía formal, es de unos 6 mil 200 pesos por persona, mientras que el ingreso promedio de quienes trabajan en la informalidad es de 3 mil 300 pesos. ¿Alguien puede dudar que se requieren más técnicos, más trabajadores calificados, más conocedores de sistemas e informática para poder crear esas fuentes de trabajo y que estén mejor pagadas? Esto no quiere decir que debemos inculcar en nuestros futuros ciudadanos el famoso “el que no tranza no avanza” ó dedicarle más tiempo a divulgar una cultura de castigos ejemplares y leyes penales con condenas excesivas, que solo crea resentimientos y malos ciudadanos.
La verdadera solución está en la educación con valores, inculcar en el niño y joven en formación no solo conocimientos básicos y generales, sino también los valores que nos distinguen como país, enseñarle a cuidar las instalaciones donde vive, los espacios que disfruta y su hogar. En la medida que crezcan se sentirán identificados y que forman parte de un todo que se debe respetar, una educación integral. Bueno esto dice Javier Barragán, porque…

AL LLEGAR A LA UNIVERSIDAD LOS ESTUDIANTES NO SABEN LEER NI ESCRIBIR
Jorge Alfonso Sierra indica que América Latina y el Caribe muestran la triste evidencia de que un gran porcentaje de los estudiantes Universitarios literalmente “no sabe leer ni escribir”. Las estadísticas de las pruebas nacionales de validación de conocimientos en secundaria en el área de español a los que hemos tenido acceso en Argentina, Colombia y México, arrojan que el setenta por ciento de los estudiantes “pierde español y matemáticas”.
Si una persona que ha asistido más de doce años a la escuela y no sabe ni comprende lo que lee “en su propia lengua materna”, quiere decir que estamos ante una masa de “balbucientes” que se enfrentarán a un caudal de inconvenientes cuando intenten alcanzar un título profesional. Ni se diga si desean aprender y estudiar en otro idioma.
Es mucha la responsabilidad del docente, no tanto desde el punto de vista legal o institucional, sino como ser humano, como partícipe activo del desarrollo científico, cultural y social pero solo se necesita su decisión y compromiso de aportar, desde lo escrito, su propia y particular manera de enseñar.  
La importancia de escribir para un docente, o profesional, radica en que, al hacerlo, está logrando apropiarse de un lenguaje, de las palabras y las ideas de otro, lo que indefectiblemente lo conduce a encontrar la voz propia y, como dice el investigador mexicano Gregorio Hernández: “a hacerse escuchar en conversaciones sociales que solo tienen lugar fuera del espacio íntimo del individuo y su familia. Al convertirse en hablante de una lengua significa, ante todo, tener algo que decir y entrar en el espacio público de las conversaciones mediadas por lo escrito”.
Cuando un maestro se “obliga” a escribir sus propios textos, ideas, pensamientos y estrategias de enseñanza, se convierte en un referente obligado para sus alumnos y, por decantación, les está enseñando cómo hablar y pensar; es decir, cómo escribir. 
Cuando muchos alumnos –tanto de secundaria como de Universidades de América Latina y el Caribe– nos muestran que tienen poca capacidad de síntesis, confunden las definiciones de las palabras y les cuesta extractar ideas principales de lo que leen, lo que nos señalan es que han tenido maestros que, por desidia o franca desconfianza en sus propia capacidades, no les mostraron la forma expedita de expresarse con su propia voz. Porque seguramente siempre basaron sus clases y sus enseñanzas en la repetición de textos y lecturas realizados y escritos por otros profesores, muchos de ellos extranjeros y hasta hablantes de otro idioma.
Enseñar a un estudiante a leer no es solamente que lo haga con muchos libros. Enseñarle a leer es que “se apropie del lenguaje de otros para expresar sus propias intenciones, y para convertirse en autor y actor de su lugar en el mundo”, como sigue diciendo el mismo Hernández.
Hoy, el desarrollo de estas competencias de lectura y escritura se considera fundamental, a tal punto que se asume como la llave de acceso a otros conocimientos, como el de las matemáticas. Por esa razón, las universidades se han dado a la tarea de generar estrategias para mejorar en este campo.
Sabemos que la “Universidad de los Andes”, de Bogotá, Colombia, ofrece a sus alumnos de primeros semestres el curso “Discurso e identidad, comprensión y producción de textos académicos”.
María Mercedes Molina, Coordinadora del Área de Español del Departamento de Lenguaje y Estudios Socioculturales de esa casa de estudios, sostiene que el curso está sintonizado con la investigación y la enseñanza de lengua materna que la “Universidad de los Andes” lleva a cabo desde hace más de trece años.
"El objetivo es capacitar a los alumnos para que puedan asumir las exigencias que los profesores les hacen durante la carrera ya que el curso tiene componentes de comprensión analítica de textos, comprensión auditiva, expresión oral y escrita intencional de los escritos que deben elaborar".
La competencia lingüística se maneja de acuerdo con las necesidades de cada alumno: "Fortalecemos casos de dudas y dificultades en español, puntuación, ortografía, porque son las que más los afectan", afirma Molina.

                              Importante, ¿por qué?
El director del Icfes- Instituto Colombiano de Fomento a la Educación Superior, Daniel Bogoya, explica que la gramática y la lingüística son objetos del lenguaje: "Si uno es capaz de manejar esos objetos, también puede manejar los de las matemáticas o las ciencias, por ejemplo".
Según Bogoya, saltar de lenguaje a matemáticas muestra solo que se cambia de objetos: del sujeto, el predicado, los conectores y las preposiciones, pasa uno a suma, resta, multiplicación: "La clave está en la estrategia de pensamiento que, gracias al lenguaje, desarrolla una persona para entender la lógica con la que se mueve. Si no encuentra la forma de mediatizar su pensamiento, es muy difícil que comprenda esos otros mundos".
Considera que si un estudiante es capaz de expresar bien una idea y hacerla comprensible, tiene más posibilidades de moverse en otras áreas: "Por eso la apuesta de la educación en el mundo es potenciar el lenguaje como motor del aprendizaje", dice.
Como estrategias preventivas, en Colombia, los colegios han acogido programas que incentivan la lectoescritura. En Bogotá existe hace siete años el proyecto “Red Podemos Leer y Escribir”, que surgió gracias a un convenio entre la Secretaría de Educación Pública de México, el Cerlalc y entidades gubernamentales de doce países de América Latina.
La conclusión a que podemos llegar es clarísima: en las manos, literalmente en las manos, de todos los docentes de América Latina está el que es nuestro futuro; es decir, que nuestros estudiantes, adquieran y se apropien adecuadamente de las destrezas de leer y escribir.
Entonces, parafraseando a Federico Nietzsche, le diremos a todo maestro: “Di tu palabra. ¡Y trasciende!”, señala Jorge Alfonso Sierra, todo ello pese a que…

                 Los Ninis, representan un alto costo social y productivo para el país
Aunado a lo anterior tenemos que los expertos han señalado que la pérdida de crecimiento económico, la reducción de potencial productivo y competitividad es el saldo que presenta México al tener entre 7.2 millones y 7.8 millones de "ninis", pero hay que resaltar que el número de jóvenes desalentados está aumentando en el mundo.
Es decir que aquellos que hoy en día ni buscan trabajo ni estudian porque están completamente frustrados ante ninguna oportunidad de trabajo. Los desconectados del mercado laboral son los que tienen más complejidades de ajustar sus competencias con los trabajos.
Cada año, entre 1 y 1.5 por ciento en términos de incremento del Producto Interno Bruto (PIB) es lo que pierde el país por tener a 21 por ciento de sus jóvenes sin estudiar ni trabajar ("ninis"), y por el contrario, el sector informal y los grupos de la delincuencia organizada son los "ganadores" de esos jóvenes desalentados por el desempleo que enfrentan, señaló la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.   
Los ninis son un costo social muy alto para la sociedad, para el avance y la productividad misma del país, ya que "en edades tempranas esta falta de oportunidades genera frustración, que puede ser un perfecto caldo de cultivo para la informalidad o el crimen organizado, que son ventanas más fáciles para obtener ingresos.  
De cada diez jóvenes que egresan de universidades sólo tres están empleados, y los demás subempleados o desempleados; entonces la consecuencia es que se van engrosando las filas de la informalidad y el desempleo, y también de la delincuencia, pero el costo económico es también un costo social.
Aunque no hay un estudio que muestre con precisión una afectación económica vinculada al número de ninis, la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para México y Cuba afirma que si la economía comenzara a crecer más de cuatro por ciento, el empleo juvenil casi de inmediato se vería beneficiado. Pero si el PIB no avanza más allá de tres por ciento, el desempleo en la población joven seguirá en rezago y probablemente en una escalada de precariedad.
El tener a jóvenes que no están aportando su fuerza de trabajo significa pérdidas de hasta 1.5 por ciento en crecimiento o costo de oportunidad, pues si ellos se incorporaran al mercado laboral se podría lograr entre 1 y 1.5 por ciento de incremento del PIB". Pero en el mediano plazo tener 'ninis nos puede estar reduciendo las capacidades productivas al año en al menos un punto de crecimiento; el simple hecho de que dejemos afuera una parte importante de la población nos disminuye el potencial.
Por lo que hace al desempleo juvenil, se plantea que por cada punto porcentual que aumenta la tasa de desocupación, la tasa de informalidad en jóvenes se eleva 1.06 por ciento, es decir que hay una relación simétrica en torno a que, si sube el desempleo total, más jóvenes van a la informalidad.
Eso nos dice que los jóvenes son los más susceptibles y afectados del ciclo económico; es decir que cuando cae el crecimiento, el desempleo de los jóvenes aumenta, así como la informalidad, y cuando viene la fase de recuperación económica, la informalidad de los jóvenes no se reduce en la misma proporción. El desempleo juvenil es apenas la punta de una gran madeja de problemas, ya que también se tiene que a pesar de generarse una mayor cantidad de trabajo después de la crisis, la calidad de estos se está deteriorando.
Resulta que por un lado hay jóvenes que laboran en la formalidad muchas horas con contratos a corto plazo, y por otro, los que lo hacen en la informalidad con baja remuneración, poca o ninguna protección social, escasa formación y sin voz ni voto en las organizaciones de trabajo. Así que lo que a final de cuentas el país ofrece a los jóvenes, sobre todo a los ninis es, NADA. 

Publicado en la edición 456 de la revista política Suceso de fecha 11 de Abril de 2012.
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